jueves, 2 de marzo de 2017

Feminismo mal entendido

Bueno, creo que ya he puesto de realce en alguna ocasión que algunas luchas o ideas me parecen mejores que otras. Creo haber mencionado ya que soy mujer y también que me dan muy igual los machismos y los feminismos, al menos los de opereta que aparecen de tanto en tanto en televisión o en change.org o similares, y hoy me ha llegado una que, lo siento, no puedo dejarla pasar sin réplica.

La petición en cuestión es ésta, y a mí casi me ha dado la risa tonta, si no fuera porque me ha dado la llorera inteligente (o lo que yo considero inteligente, al menos). Una mujer, ofendida porque la RAE todavía utiliza y explica expresiones como "sexo débil" y "sexo fuerte" (esta última, además, asimilada a la expresión "sexo feo", y no veo a nadie llorando por ello), ha iniciado la petición a la que os he remitido antes para que se eliminen esas expresiones de la RAE.

martes, 8 de noviembre de 2016

Adiós, redes sociales, adiós

No me voy de Blogger, ¿eh? Sólo que lo sepáis. Pero sí me he ido de casi todas las demás. Y ha sido un gustazo.

Os cuento: me he hartado. Tal cual.

Es que parece que si no tienes cuenta en todas las redes sociales (y te apuntas a todas las que aparecen) no eres nadie, o eres un fracasado, o tienes una vida muy aburrida, o no tienes vida social (¡Mayday, mayday, que alguien vaya a por las sales, YA!).

Respecto a lo primero, soy alguien. Respecto a lo segundo, ¿definición de fracasado? El tercer y cuarto puntos van a ir juntitos: pues yo me lo paso bomba con mi gente. 

Vale, de acuerdo, quizás no sea alguien famoso (que, si tenemos en cuenta lo que se luce en los programas de famoseo, mejor no serlo), ni rica (eso sí es una putada), ni me muevo en esos círculos VIP en los que dicen que hay gente interesante y rica que no es famosa (eso puede ser cierto, pero lo de interesante seguramente sólo podrá aplicarse a una minoría), pero no me considero una fracasada. Cierto, cierto, estoy en paro y arrastro además otras complicaciones que no voy a entrar a enumerar ahora (no, lo de la soltería maternal no es una de esas complicaciones silenciadas, mírate el título del blog, anda), y, encima, mis éxitos no aparecen en ninguna clase de publicación de mayor o menor tirada o más o menos especializada... ¿Y qué?, ¿tengo que aullarlos en alguna red social para que sean más reales? ¿Dejarán de existir si no los anuncio a bombo y platillo en todas partes? Eh... Pues no. No los he publicado en ningún sitio y aquí siguen, haciédome la ola y dándome palmaditas en la espalda porque yo lo valgo.

Y no me aburro y sí tengo vida social. Intensa, diría, aunque sólo sea porque tengo la fortuna de haber nacido en una familia superpoblada (lo que pasaba antes, que los abuelos no tenían tele y, ya se sabe, se entretenían de otras maneras) con trece tíos y veintinueve primos consanguíneos, sin contar parejas de ninguno de ellos ni los críos de mis primos, además de tener tres hermanos y mis padres (que podían haberlo pasado un poquito mejor y darme una hermana, cagüenlaleche de tanto niño, hombre ya). Vamos, que en la última comida familiar que organizamos, no éramos todos y éramos ochenta (fue en un restaurante, sí, lo de cocinar para ochenta no lo llevamos bien ninguno)

Pero esperarsus, que revisando mis grupos de whatsapp resulta que, en el ámbito familiar, sólo tengo un grupo de primos y otro de primas (que somos más y nos lo pasamos mejor), pero en el ámbito de las amistades tengo tres grupos de amigos con los que hablo a diario y los veo casi todas las semanas. Pues va a ser que mi vida social no depende de mi familia, no.

 No obstante, lo que realmente me molesta (hasta grados que no sospechaba ni yo misma) es la presión de todo orden para que tengas cuenta en cuantas más redes mejor. Voy a decirlo suavemente: reacciono mal a la presión social (como si no se notara en mis anteriores posts). Como que es contraproducente, en mi caso. Como que me voy en dirección contraria, y si no te he partido la cara en el segundo inmediatamente anterior es porque eras un anuncio y no conozco al publicista que te ha diseñado. Lo cual no quita que en el proceso de darme media vuelta y dejarte a mi espalda grácilmente, cual bergantín cortando el oleaje, no te ponga a parir, de vuelta y media y a caer de un burro en menos que canta un gallo porque me has tocado la moral y me doy el gusto.

Incluso, y eso sí ya me revienta cosa mala, si no tienes cuenta en las redes sociales, eres menos visible en este mundo nuestro de la era de la información y te resulta más difícil encontrar trabajo. Tócate los innombrables, Manolo. Ahora resulta que para encontrar trabajo tengo que violar mi intimidad por mi propia mano, en todas partes y sin cobrar. Ya puedes esperar sentado, amigo mío, que de mí no lo vas a ver.

En resumen, que la única razón por la que no he cancelado todas mis cuentas (y tal cual lo digo en el perfil de la única cuenta que mantengo) es porque mi familia y mis amigos emigrantes (a los que no veo tan a menudo como me gustaría, que viven en el extranjero) cuelgan unas fotos muy chulas y me mola mil vernos haciendo el payaso en cuanta ocasión se presenta. 

Y os digo otra cosa: con cada cuenta que cerraba, mejor, más a gusto y más libre me sentía. Si lo sé las cierro antes. 

Abolición de la tiranía de las redes sociales: check.
 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Violencia de género pre-electoral

Bueno, que ya está bien. 
Oh, sí, "si la mujer está más desprotegida hay que protegerla especialmente", dicen.
"A la mujer la maltratan porque hay una situación de desigualdad en España", dicen.
"Es lamentable que no haya entendido por qué las mujeres son víctimas de la violencia de género", le dice Antonio Hurtado, del PSOE, a Marta Rivera, de Ciudadanos, porque tuvo la "insensatez" de decir que "tan terrible es para un niño que su padre mate a su madre como que su madre mate a su padre".
El que no lo ha entendido, señor Hurtado, es usted, pero no se preocupe, que yo se lo explico: la mujer es víctima de la violencia de género porque los maltratadores son unos p*tos maleducados de tres pares de c*jones. Y no maleducados que no sepan estar, que saben, o porque no tengan estudios, que también tienen.
Son maleducados porque creen que todo es gratis y nunca se han enfrentado a una negativa firme por parte de sus educadores (ya sean padres, maestros o lo que sea) que les haya enseñado a lidiar con la frustración. Si remontamos en la vida de esos hombres maltratadores, la mayoría de ellos habrán sido niños mimados en su infancia, mimados y consentidos y que nunca han oído un no.

sábado, 16 de mayo de 2015

Respeto y amor

¡Qué gonito me ha quedado el títuloooo! 
Sí, estoy viva, lo que son las cosas.
Dicho esto, pasaremos directamente a lo que quiero comentaros en el post de hoy (y quién sabe si de este año).

Pues, veréis, como ya sabréis, hay por ahí una Miniyó (que me cumple doce años en dos semanas y mide ya metro sesenta y tres, la jodía) que en el transcurso de su evolución y crecimiento no para de hacerme preguntas. Algunas son preguntas típicas y tópicas que todos hemos hecho en algún momento de nuestra infancia a nuestros padres, muchas son ¿por qué? cuando no quiere hacer algo y presiona a ver si me pilla en un renuncio, y otras no tienen ningún sentido, como por ejemplo: mamá, ¿qué harías si te encontraras en el súper con los zombies de The Walking Dead?. Cuando a) no vemos la serie, b) me importa un pepino, y c) ¿a qué coño viene esto ahora?

Pues el otro día me preguntó por mis parejas, pasadas y futuras (no, en el presente no gasto). Yo le contesté como buenamente pude, lo más brevemente posible (sí, porque interrumpe constantemente para hacer más preguntas sobre cosas vagamente relacionadas con el tema, como: mamá, ¿quién te gusta más: Iron Man o Thor?) y volví a mis sudokus. Pero se me quedó el tema en la cabeza. Mis antiguas parejas y las futuras... Y de repente llegó otra vez la Miniyó y me preguntó cuál de mis antiguas parejas me había gustado más. Así, porque salta de una cosa a la otra como una pulga en un festival canino.

jueves, 15 de agosto de 2013

¿Deseo a la carta?

Holaaaa.

Sí, ya sé que hace casi un año que no aparezco por aquí ni "jarta" de vino, pero ya sabéis que soy como los malos de las pelis de serie B: (léase con voz de malo de serie B) siempre vuelvo.

El título del post quizás resulte ilustrativo y quizás no, así que, mi más sentido pésame, voy a explayarme.

Resulta que el otro día, a finales de la última semana laboral, leí en una revista (cuyo nombre no voy a dar porque no me pagan para hacerles propaganda) un artículo acerca de un descubrimiento científico: han descubierto una sustancia que podría (nótese bien el podría, por favor) incitar el deseo en la mujer. En pocas palabras, la idea es que, si una no tiene ganas, se toma una pastillita y todos contentos. Algo así como una viagra femenina.

La idea me parece simplemente alucinante. O sea, no tengo ganas y me tomo una pastilla para tenerlas. Y digo yo: me tomo la pastilla... si me da la gana, ¿no? ¿O es que, como existe la pastilla, ahora voy a tener la obligación de corresponder cada vez que mi pareja me requiera? (bueno, ahora no gasto churry, o sea que es poco probable, deo gratias).

jueves, 30 de agosto de 2012

Criadas y señoras, el libro

He escogido la portada de la peli porque es la que me gusta, pero el post de hoy va del libro. No he visto la peli, pero me he cascado el libro en cero coma.

Veréis, ayer, como muchos padres resignados, fui al centro comercial donde encargué los libros del colegio de mi hija a recoger el pedido. Anduve buscando y buscando dónde tenía que recogerlos, porque la señalización era (y me imagino que sigue siendo) penosa.

Por lógica difusa, o infusa, o confusa, pasé por la librería, pensando que una cosa y otra tenía que tener cierta relación. O sea, en la librería venden libros, esa cosa con portadas y páginas en medio, algunas hasta con dibujos y todo. ¿No? Pues no. 

Tuve la suerte, eso sí, de encontrar a un empleado del centro comercial en cuestión atendiendo a una señora y decidí esperar a que estuviera libre para preguntarle dónde cojones atendían a los padres que venían a buscar los libros de texto de sus hijos. Entre tanto, como soy lectora compulsiva y donde haya letras tiendo a descuidar hasta la conversación, miré libros. Obviamente, me compré el libro que da título al post. 

viernes, 27 de julio de 2012

¡Y efectivamente!

La vida tiene algunos momentos en los que uno sólo puede decir, ¡efectivamente! Lo he comprobado. Por supuesto, esa exclamación viene dada por el diálogo interno del emisor. 

Algo así como cuando uno sale del trabajo hecho una puta braga pero contento porque le ha cundido y porque, coño, tiene trabajo, que no es poco con los tiempos que corren, y se sube al coche pensando que llegará a casa, querrá tirarse en el sofá un ratito, quizás mirar la tele (que no verla, que eso duele y es criminal para las neuronas), hacer el amor con el/la churry y echarse entre pecho y espalda un buen par de cervezas bien fresquitas. Eso sería lo ideal, pero somos realistas y el que se sube al coche lo hace pensando que tiene que pararse a comprar en el súper comida para el perro, que el/la chati seguramente también está currando (con suerte) y que por tanto los críos han tenido tiempo y ocasión para liarla parda mientras estaban solos, porque la escuela de verano está muy cara y los canguros, más. 

¡Y efectivamente! (Y piensa: ¿por qué no me vasectomicé, por qué, por qué?).

Llega a casa el susodicho y se encuentra un cristo: los críos emplumados, el perro aterrorizado y escondido en la carbonera, la cocina a medio arder y los coches de la calle bombardeados con los huevos de la nevera con los que contaba para cenar.